Así es, de acuerdo con los resultados de un estudio publicado en el Diario de Biología Experimental, las abejas forman patrones de las caras con las que se encuentran e incluyen en sus análisis las simetrías de las orejas, ojos, nariz y boca, datos que les permiten registrar diferencias entre rostros distintos.
“Es como usar un pegamento que va conformando la totalidad de un objeto de sus partes, es la misma habilidad que nos ayuda a los humanos a agrupar una pagoda china con un chalet suizo en la misma categoría de residencias”, explica para el diario The New York Times, Martin Giurfa, profesor de biología neuronal de la Universidad de Toulouse, en Francia, y uno de los investigadores del experimento.
“Sabemos que dos líneas verticales con un cobertizo como techo es una casa”.
Para entrenar a las abejas y conocer de lo que son capaces, los científicos utilizaron diferentes dibujos, algunos de rostros y otros no. En la primera fase, los insectos aprendieron que los rostros venían acompañados de unos contenedores con agua y azúcar mientras que los dibujos que no eran rostros sólo contenían agua.
Los científicos aseguran que todos los dibujos eran limpiados después de cada sesión para asegurar que las abejas no dejaran ningún rastro que las ayudara después a localizar fácilmente el rostro mediante el olfato y llevarse el premio.
Y no sólo eso, estos insectos también lograron reconocer entre caras distintas. Los experimentadores decidieron dificultar más la prueba eliminando los dibujos que no eran de rostros y alternando el agua con azúcar y el agua sola entre las caras. Sorprendentemente, los pequeños insectos eran capaces de reconocer el rostro que tenía el azúcar un 75% de las veces.
“Lo hicieron siguiendo pistas visuales. Pensamos que usan el ‘procesamiento configural de lectura de simetrías’, trazan patrones en el rostro que luego pueden reconocer. Somos biólogos, no científicos computacionales, pero creemos que estos estudios no sólo avanzan nuestro conocimiento sobre la capacidad cerebral de estos insectos sino que es posible que puedan usarse estos resultados para mejorar sistemas de identificación por computadora, entre otras cosas”, explica Adrian Dryer, de la Universidad Monash, en Australia, y otro miembro del equipo.
“Los mecanismos potenciales de este estudio pueden ser combinados con los avances en los análisis de reconocimiento de rostros en aeropuertos y otras plataformas dinámicas”.
Un mecanismo neuronal simple
El doctor Giurfa explica que uno de los beneficios de conocer esta habilidad en las abejas es saber que no se necesita de un complejo mecanismo cerebral para hacerlo. El cerebro de una abeja tiene un millón de neuronas, una cantidad mínima en comparación con los cien mil millones de estas células nerviosas en el cerebro humano, sin embargo, parecen usar una forma primitiva y mucho más simple del mismo mecanismo.
“Ahora sabemos que no necesitamos de una combinación compleja para reconocer un objeto de otro. Es un dispositivo viejo en los animales por su importancia para la supervivencia, conocerlo puede ofrecer esperanza a los tecnólogos que intentan crear algún tipo de inteligencia artificial”, expresa Giurfa.
Realmente, la idea de que su computadora pueda reconocer su rostro cada vez que usted la encienda o interactúe con ella es una de las metas, no sólo de la computación segura sino para los productores de inteligencia artificial. “A lo mejor, con entrenamiento suficiente, podríamos entrenar maquinarias para que distingan a una motocicleta de un perro, por ejemplo”, expresó el profesor francés.
El problema de reconocer los cambios
Por supuesto, un cerebro como el de la abeja representa aún una complejidad inmensa para un ingeniero de la computación. La tecnología actual se encuentra en pañales y todavía no puede ofrecer un cerebro tan simple como el de una abeja; de hecho, los robots que conocemos hoy dejan mucho que desear en términos de procesamiento inteligente de datos.
Lo mismo ocurre con la inteligencia artificial y lo observamos también en los buscadores en internet, lograr que un androide piense, aunque sea con la inteligencia de un pequeño cachorrito, está muy lejos de nosotros. Para rebasar estas barreras, no sólo la tecnología debe avanzar sino el estudio detallado de los cerebros sobre el planeta. A pesar de que el estudio dice mucho sobre las habilidades en común que compartimos con los demás seres vivos, todavía falta mucho por andar para conseguir el mismo desempeño en una máquina.
“Reconocer un rostro no es algo estático. Los humanos cambiamos, un hombre puede estar afeitado hoy y con una barba la próxima semana, una mujer puede tener el pelo largo hoy y corto mañana, ambos pueden estar o no usando lentes para leer o de sol y, por supuesto, está el factor de la edad, no creo que una abeja pueda distinguir entre estas diferencias, y si alguien puede demostrar que lo hacen la verdad es que me caería de la silla”, expresó el doctor David Forsyth, de la Universidad de Illinois, y quien no estuvo involucrado en el experimento. |